La de hoy es flojita, sí, pero tampoco quería yo una entrada recojonuda para hoy: por hoy, vale con evadirse un rato:
Me gusta estar informado las 24 horas del día: cada par de horas aproximadamente abro en mi navegador las páginas webs de los diarios (normalmente “El País”, “20 minutos”, “Público” y “El Mundo”), para permanecer informado de lo que ocurre en el mundo, desde puntos de vista distintos (tan distintos en algunos temas que parece que, al juntarlos, ambos diarios desaparecerán en un estallido de radiación).
Pero últimamente con lo que disfruto muchísimo es leyendo los comentarios que hace la gente en algunas noticias: es el lugar perfecto para la proliferación de trolls. Para quien no esté al tanto, un troll es (tirando de Wikipedia):
Una persona persona que sólo busca provocar intencionadamente a los usuarios o lectores, creando controversia, provocar reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones, o bien provocar flamewars*, enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí.
*Cruce de comentarios incendiarios
Estos seres suelen abundar en temas polémicos: concretando aún más, parece que las condiciones óptimas para que se multipliquen se dan en entradas de política. Da igual de qué trate la noticia: lo mismo trata sobre la edad de jubilación que sobre el nuevo modelo de la ministra: siempre aparece el troll soltando alguna burrada sin sentido, falaz y con una intención preclara de caldear (aún más, si cabe) los ánimos.
No sé por qué lo hacen, sinceramente: la motivación última no la entiendo. ¿Sienten placer estos señores jodiéndonos la fiesta a los demás? ¿Se pondrán cachondos cada vez que le dan al botón de “Enviar comentario”?
Realmente, todas las preguntas que se me puedan ocurrir se resumen en una: los que escriben esos comentarios, ¿son malas personas? Y tras mucho cavilar, creo que lo mejor que se puede hacer en estos casos es aplicar el principio de Hanlon:
Nunca le atribuya a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez
Hasta aquí, la reflexión. Ahora, en un breve espacio me gustaría dedicarles unas palabras a todos aquellos trolls que entren en el blog:
Muy ¿señores? míos:
NO son bienvenidos
Gracias
Un saludo:
Cometa
