Diario de Cometa

#138 – ¡Cuánto ¿cabrón? hay por ahí suelto!

Miércoles, 10 Febrero, 2010 · 2 comentarios

La de hoy es flojita, sí, pero tampoco quería yo una entrada recojonuda para hoy: por hoy, vale con evadirse un rato:

Me gusta estar informado las 24 horas del día: cada par de horas aproximadamente abro en mi navegador las páginas webs de los diarios (normalmente “El País”, “20 minutos”, “Público” y “El Mundo”), para permanecer informado de lo que ocurre en el mundo, desde puntos de vista distintos (tan distintos en algunos temas que parece que, al juntarlos, ambos diarios desaparecerán en un estallido de radiación).

Pero últimamente con lo que disfruto muchísimo es leyendo los comentarios que hace la gente en algunas noticias: es el lugar perfecto para la proliferación de trolls. Para quien no esté al tanto, un troll es (tirando de Wikipedia):

Una persona persona que sólo busca provocar intencionadamente a los usuarios o lectores, creando controversia, provocar reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones, o bien provocar flamewars*, enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí.

*Cruce de comentarios incendiarios

Estos seres suelen abundar en temas polémicos: concretando aún más, parece que las condiciones óptimas para que se multipliquen se dan en entradas de política. Da igual de qué trate la noticia: lo mismo trata sobre la edad de jubilación que sobre el nuevo modelo de la ministra: siempre aparece el troll soltando alguna burrada sin sentido, falaz y con una intención preclara de caldear (aún más, si cabe) los ánimos.

No sé por qué lo hacen, sinceramente: la motivación última no la entiendo. ¿Sienten placer estos señores jodiéndonos la fiesta a los demás? ¿Se pondrán cachondos cada vez que le dan al botón de “Enviar comentario”?

Realmente, todas las preguntas que se me puedan ocurrir se resumen en una: los que escriben esos comentarios, ¿son malas personas? Y tras mucho cavilar, creo que lo mejor que se puede hacer en estos casos es aplicar el principio de Hanlon:

Nunca le atribuya a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez

Hasta aquí, la reflexión. Ahora, en un breve espacio me gustaría dedicarles unas palabras a todos aquellos trolls que entren en el blog:

Muy ¿señores? míos:

NO son bienvenidos

Gracias

Un saludo:

Cometa

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#137 – ¡Muchas Felicidades!

Sábado, 6 Febrero, 2010 · 1 comentario

Interrumpimos temporalmente esta sequía de entradas para dar, por fin, una noticia que merece la pena:

Felicidades, Miguel Ángel, por tu nuevo curro: que la dicha te acompañe, y que Barcelona te acoja bien entre sus enormes brazos.

Nada más, por hoy.

Un saludo:

Cometa

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#136 – Telebasura: una crítica más

Lunes, 1 Febrero, 2010 · 2 comentarios

Tengo que reconocer que soy un gran admirador del programa de Karlos Arguiñano: trato de no perdérmelo nunca. El hombre parece que está bastatne feliz o que, al menos, disfruta con lo que hace.

Pero hoy no voy a hablar de Arguiñano, ni de cocina, sino de lo que viene después (del programa, no después de cocinar). Extrañanamente, en esa caja mágica donde hace 5 minutos había un hombre emplatando unas croquetas, de pronto aparecen un hombre y una mujer que te dan la bienvenida al programa “De buena ley”.

Aparentemente, el programa trata sobre dos personas que tienen un conflicto y que, incapaces de resolverlo por sí solas, recurren a Telecinco para que les ayude. Telecinco les proporciona para ello una tribuna, un (en principio) juez que deliberará sobre su caso (y que al final dictará sentencia) y un público al que no le han dado bocata de lomo, o al menos, lo parece, porque las personas del público se comportan como fieras…

En resumen, tras varios cruces de descalificaciones entre las partes afectadas, las partes afectadas y el público y (esto es lo más acojonante de todo) miembros del público entre sí, todas sazonadas adecuadamente con la dosis indicada de abucheos y aplausos, aparece el señor juez, regaña a una de las partes, elogia a la otra, y dictamina sentencia (la cual ignoro si es vinculante o no: en verdad, tampoco me importa).

Llamadme idiota, pero nunca he entendido la finalidad de este tipo de programas, consistentes (a mi modo de ver las cosas) en gente que llega a la cadena y cuenta su vida, intimidades y lo que se tercie durante diez minutos, minutos a los que ellos, generalmente, añaden el sufijo “de gloria”. Pues vaya puta mierda de gloria, sinceramente…

Aborrezco sobremanera estos programas que se dejan encajar dentro de la telerrealidad. Pero, siendo sinceros, la culpa no es toda de las cadenas (al fin y al cabo, no debemos olvidar que son empresas, en busca siempre de algún beneficio, no necesariamente económico): la culpa también cae sobre el espectador, quien termina por consumir el producto final. Es el espectador (mejor dicho, la audiencia) la que le determina a la empresa qué productos debe producir y cuáles no para sacar mayores beneficios.

Y yo me pregunto, ¿qué lleva a estos señores, consumidores de productos televisivos, a ver todos estos programas, de los cuales algunos a mí no me entran ni con una tonelada de vaselina? ¿Por qué demonios buscan en la vida de los demás lo que pueden buscar en la suya? ¿A quién coño le importa si la vecina de la señora que sale en la tele pone la televisión a todo volumen mientras fornica con su querido señor esposo?

A mí no, por lo menos, pero voy más lejos: es que a nadie le importa. Al menos, considero que la vida privada de la gente no le debería de importar a nadie…

Si a algún lector de por aquí le importa, y considera que él puede justificar por qué debería importarle a alguien, le invito a que se exprese en los comentarios: no vaya a ser que yo me esté equivocando…

Un saludo:

Cometa.

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#135 – Sobredosis de vanidad

Viernes, 29 Enero, 2010 · 6 comentarios

[…] que se conoce y se teme, ayyy…

Cuando alguien me pregunta sobre mi nivel de autoestima, suelo contestar lo de siempre: relativamente baja, en comparación con la media.

Esta respuesta no suele sorprender a nadie. Lo que suele sorprender es que cuando me preguntan ¿y no te gustaría tenerla más alta?, responda que no. Y acto seguido, preguntan el porqué. En fin…

Realmente, si no intento subir mi autoestima es porque suelo confundir subir la autoestima con meterse un chute de vanidad. Y uno, que ya se va conociendo a sí mismo (aunque aún poco), sabe lo mal que le sienta la vanidad: durante mucho tiempo he sido uno de esos niños repelentes que sacan unas notas increíbles, y se creen los dueños de la Tierra (cuando menos).

Gracias a Dios (o deidad equivalente), me llevé la gran hostia a tiempo de poder intentar enmendar el error. Y, sinceramente, hago lo que buenamente puedo, tratando de ser modesto en todo momento, no con falsa modestia, sino con modestia terapéutica para tratar a un yonqui con mono de vanidad. Y de momento, parece que funciona meridianamente bien, salvo cuando se me calienta la boca (que entonces, ni modestia, ni corrección política, ni nada).

Sin embargo, como todos sabemos, “el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” (y donde pone dos, poned “n” tranquilamente). Y yo no soy la excepción: aunque ya no tengo ataques de vanidad, sí que tengo excesos de confianza muy fuertes.

Suelo pasar por estas etapas cuando llegan los exámenes: por lo general, en vez de estudiar todo el tiempo posible, aprovechándolo al máximo, suelo saltarme apartados de la materia que son poco probables que caigan, reduzco el tiempo de horas que le dedico a cada asignatura, y un largo etcétera de guarradas varias.

Por eso, al final pasa lo que pasa, que el exceso de confianza (combinado con un pelín de vagancia y procrastinación) pasa factura: las notas suelen ser más bajas de las que podrían llegar a ser si hubiese dedicado más tiempo a todo, y si no me hubiese confiado de más: aparece NT donde podría haber SB, AP donde podría haber NT, y lo que es peor: aparecen SS donde podría haber aparecido cualquier otra cosa.

Cuando me ocurren estas cosas, trato de recordar una de las frases que un profesor universitario (amigo de mi padre) me dio antes de empezar las clases:

Si tienes que estudiar diez minutos más para conseguir una matrícula, como si son diez horas más. Créeme: a la larga, compensa.

Aunque me resultó muy útil en primero (la frase resonaba en mi cabeza en todo momento, y los resultados quedaron reflejados en el expediente), parece que ahora no está siendo tan efectiva como lo fue en aquel entonces.

Por eso la publico ahora aquí: para que a ver si, con un nuevo soplo de aire fresco, vuelve a cobrar significado y sentido a tiempo de que la confianza excesiva no arrase con todo lo logrado durante estos cuatro meses.

Un saludo de un vanidoso en tratamiento:

Cometa

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#134 – Maldito vago

Miércoles, 27 Enero, 2010 · Dejar un comentario

Muy buenas tardes:

En los últimos días, me he percatado de algo que, sinceramente, no me hace ninguna gracia: estoy mucho más perro de lo habitual.

En otras circunstancias, me daría un poco igual: lo achacaría, simplemente, a que necesito descansar un poco. Sin embargo, en las fechas actuales (con los exámenes a la vuelta de la esquina, prácticamente, y con perspectivas no demasiado halagüeñas, por qué negarlo…), la verdad, me carcome la moral: es como tener una pequeña vocecita (algunos la llaman “conciencia”) que te dice en todo momento “deberías estar estudiando”, “¿qué haces que no estás estudiando?”, y cosas por el estilo.

Bueno, cosas por el estilo, al principio: luego es cuando la conciencia y el estrés se alían entre sí, y la vocecita cabrona anterior se crece: el tono empieza a subir, y ya no es tan grácil como antes. Frases como “vas a suspender como sigas así”, “te va a quedar mecánica para septiembre”, “el año que viene te tendrás que conformar con lo que quede, y no podrás elegir grupo”, o “tu expediente se va a reducir a una mierda” van de un lado a otro de la cavidad craneal, y resuenan como si ahí adentro estuviese hueco (cosa que, según mi querida hermana, es cierto).

Ya sé que no estoy contando nada nuevo: la gran mayoría del cuerpo estudiantil, al llegar febrero o junio, sufre (al menos) uno de los dos síntomas descritos con anterioridad: bien la perrería, bien el estrés. Cualquiera de los dos lleva al final a lo mismo: el suspenso casi seguro.

¿Existe alguna solución para todo esto? Pues es lo que llevo pensando varios días, y lo que llevo intentando publicar desde hace ya tiempo bajo el nombre “Procrastinación”. He estado pensando en la solución en diversas situaciones: de viaje en el metro, mientras veo la tele, mientras como, mientras me ducho o incluso mientras me estoy quedando dormido (para tener unos sueños de mierda, más que nada). Y he llegado a una conclusión:la única solución para todo esto es echarle huevos fuerza de voluntad al asunto.

El proceso en sí consiste en llegar a la mesa, sentarse delante e hincar codos hasta que la tabla de madera se adapte a la forma de tus articulaciones, o bien hasta que tu mala suerte desaparezca de tanto tocar madera. Los que estudiáis sobre mesas de plástico… no tendréis esta última ventaja, pero habréis ayudado a la conservación del Amazonas: los tucanes os lo agradecerán.

Una vez expuesto lo anterior, es una gilipollez incoherencia que siga yo aquí escribiendo sobre nada, cuando debería estar estudiando mecánica. Así que me voy. Gracias por la atención

Hasta la próxima vez que necesite una excusa para procrastinar, un saludo:

Cometa

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#133 – ¿Te quiero o te amo?

Lunes, 25 Enero, 2010 · 8 comentarios

Esta tarde hablaba con Marta sobre el H1N1 cuando se me ha pirado la pinza (algo bastante habitual últimamente, por cierto) y me he evadido temporalmente del mundo.  ¿Causa de la evasión? Fácil: ha salido a relucir la palabra “enamorado” en la conversación.

Me jode especialmente que alguien diga que está enamorado de cierta persona. No porque yo sea un ser rancio y amargado sin sentimientos (que también, a ratos), sino porque en mi opinión se utiliza la palabra “amor” muy a la ligera. Y claro, cuando la oigo fuera del contexto que yo le doy, pues me chirrían los tímpanos y me revienta la cóclea.

Entrando en materia ya profunda (mejor no me voy por las ramas, que me pierdo enseguida), para saber por qué me sienta tan mal ese uso ‘a la ligera’, me gustaría exponer brevemente (o no) por qué:

Para mí, el amar y el querer no son sinónimos: están asociados, sí, y muy íntimamente, pero no tienen nada que ver. Según mis criterios, el amor difiere en un elemento esencial del querer, y ese criterio es la acción.

Querer, en mi opinión, es un sentimiento, más o menos bonito, dirigido hacia algo o alguien, pero no supone ninguna acción por parte de aquel que quiere hacia el elemento o ser querido. Por contra, el amor no lo considero un sentimiento en sí, sino la manifestación de ese sentimiento. Es decir, según creo yo, a una persona se la quiere, y cuando se pone de manifiesto ese sentimiento hacia ella mediante alguna acción, se le ama.

Por eso me sienta tan mal oír a alguien decir que ama. Según creo, hacia una persona se puede sentir afecto, cariño, encaprichamiento, encoñamiento, rechazo, o lo que fuere, pero en ningún caso se puede sentir amor hacia alguien. El amor tiene sentimientos asociados, claro, pero dichos sentimientos por sí solos no forman el amor: el movimiento, señoras y señores, se demuestra andando, y el amor no deja de ser un movimiento, una acción, el acto de demostrar esos sentimientos hacia la persona.

Por ello, en mi modesta opinión, se puede querer sin amar, pero es bastante jodido amar sin querer a alguien. ¡Y ojo!, que alguien puede amar y querer a alguien y no por ello ser pareja sentimental: cualquier amigo quiere a su amigo, y lo pone de manifiesto en múltiples ocasiones. El amigo ama, pero ese amor no lo impulsan sentimientos románticos, sino sentimientos de amistad hacia la persona.

La gente normalmente está demasiado ocupada para plantearse esas cosas, y por eso utiliza indistintamente “te quiero” y “te amo”. Pero no es lo mismo querer que amar, así como no es lo mismo ser que estar, o Coca-Cola que Pepsi. Y por eso, cuando una persona le dice a otra que le ama, ¿qué quiere decir? ¿Que siente algo (generalmente romántico) por ella, o que además lo demuestra?

Las respuestas de cada uno, a comentarios.

Un abrazo:

Cometa

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#132 – Y mira que me está costando…

Domingo, 24 Enero, 2010 · Dejar un comentario

Llevo ya varios días sin pasar por aquí. Sinceramente, si no he escrito antes, es porque los exámenes de febrero se acercan, y escribir en el blog es una excusa más para procrastinar (al menos, yo lo uso para eso).

Además, últimamente me he encontrado con un estado anímico raro: entre melancólico, triste y cabreado con el mundo. Yo creo que escribo mejor cuando estoy melancólico, triste o cabreado. Incluso considero que las entradas más profundas que tengo son cuando convergen dos de esos elementos a la hora de escribir. Sin embargo, cuando convergen los tres, en vez de escribir mejor que un Nobel de Literatura, ocurre lo que se llama el efecto “me cago en todo lo cagable”, que viene a ser que no me sale nada.

Sin embargo, otra de las razones por las que no he escrito en el blog es porque me he prometido a mí mismo tocar la política lo menos posible. Y con lo calentita que ha venido la semana hasta hoy me está constando horrores contenerme. Se me está quitando la melancolía, dando paso a una indignación de dimensiones colosales, aumentando mi cabreo hasta cotas cercanas a la combustión espontánea.

Y es que la política internacional está también que arde: entre Masssachussssets (que no sé si se escribe así o lleva más eses, eltiojodío*), pasando por otro capítulo de la serie “Caracas Vs. Washington” (hoy, “me estáis ocupando la isla”), Haití (no comments), las elecciones en Chile (que, sinceramente, no sé qué decir), y para finalizar Aznar dando lecciones a Obama (de esto sí sé qué decir, pero si empiezo no paro, así que…), creo que he hecho un gran esfuerzo por no entrar al trapo.

En fin, para terminar, que tengo sueño: estoy de exámenes, así que hasta el 16 de febrero probablemente no vuelva. Es una lástima, porque me hubiera gustado hacer algo para el carnaval de matemáticas, pero lo primero es lo primero.

Sin embargo, aunque no esté por aquí, si a alguien le apetece saber qué estoy haciendo, puede seguirme en Twitter (a lo que últimamente me estoy aficionando un poco).

Ah, y además, me estoy volviendo a plantear volver a hablar de política en el blog. Os dejo la encuesta en el lateral derecho, por si veis que os apetece votar.

Un saludo:

Cometa

PD: Paso de poner la firma dibujada. Además de indignado, hoy estoy rebelde: he firmado con texto y me he puesto los calzoncillos del revés, sólo por joder, MUAHAHAHAHA.

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#131 – Un desahogo así, rápido.

Lunes, 18 Enero, 2010 · 3 comentarios

Hay días en los que ya, desde primera hora, tienes la impresión (absurda, en cualquier caso) de que hoy no va a ser un buen día. Desde que suena el maldito despertador a las seis y media de la mañana, y piensas “¿quién es más tonto: Seguir leyendo →

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#130 – Corrección Política: de la costumbre

Lunes, 4 Enero, 2010 · 5 comentarios

Hoy empiezo con una miniserie de 5 artículos sobre la corrección política que, si todo va bien, publicaré a lo largo de estas 2 semanas, y en los que (en la medida de mis posibilidades) desarrollaré temas relacionados con la corrección política, teniendo como colofón final una reflexión sobre la influencia (tanto anterior como futura) de lo políticamente correcto en el blog.

Para arrancar la serie de entradas, me gustaría comentaros una anécdota: Seguir leyendo →

→ 5 comentariosCategorías: Corrección Política

#129 – Creo que voy a llorar

Domingo, 3 Enero, 2010 · Dejar un comentario

[...] un dolor, amigo mío, un dolor.

Tenía intención de empezar el año en el blog haciendo dos cosas: cambiando la plantilla (pero no he encontrado ninguna que me guste tanto como ésta, así que así se queda) y escribiendo alguna entrada ñoña sobre el principio de año. Sin embargo, empiezo a pensar que estoy más inspirado cuando estoy encendido que cuando estoy melancólico.

Me manda davidmh un enlace a esta página, que contiene la respuesta de Sergio L. Palacios, autor del blog “Física en la Ciencia Ficción” a la siguente pregunta :

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